Por qué a las nueve
Una cita diaria con uno mismo. No hace falta que sea larga; hace falta que sea a la misma hora.
Cada mañana, a las nueve, aparecerá aquí una reflexión. La hora no es casual: es el momento en que el día ya ha arrancado, pero todavía no nos ha arrastrado del todo. Hay un pequeño hueco entre el primer café y la primera urgencia, y ese hueco es el que quiero cuidar.
Todas las tradiciones que me interesan coinciden en algo: lo importante no se hace una vez, se repite. El monje vuelve a sentarse cada mañana aunque ayer ya se sentó. El aprendiz vuelve a la piedra aunque ayer ya la trabajó. El filósofo vuelve a la pregunta aunque ayer creyó haberla respondido. Una vida la moldea menos lo extraordinario que lo que se repite en silencio.
Este blog es eso: un ejercicio diario, hecho en público para obligarme a no saltármelo. Escribiré sobre filosofía, sobre espiritualidad, sobre el simbolismo de la masonería y sobre la práctica budista. No como alguien que ha llegado, sino como alguien que sigue caminando y toma notas.
Si te sirve leerlas, bienvenido. Si un día no te dicen nada, vuelve mañana: a las nueve habrá otra.
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